Contra la nostalgia y el fatalismo en Berlín

¿No os ha pasado que conocéis a alguien que os importa mucho mucho mucho y querríais haber sido participe también de su vida antes de ese primer encuentro? ¿Haberla conocido… yo qué sé, en su adolescencia, en sus años universitarios o incluso en el cole? Esa sensación, una especie de nostalgia por lo no vivido, creo que se da mucho con respecto a esta ciudad que nos acoge o nos ha acogido a quienes escribimos en BITHC. Esa sensación, comprensible en una ciudad que ha vivido momentos históricos tan sobresalientes y ha tenido una vida cultural y nocturna tan alucinante, es además espoleada por un cierto fatalismo con respecto a su destino. Se tiene la sensación de que todo va a peor; los alquileres suben, se cierran clubs y okupas, el SPD deja de gobernar junto con die Linke para hacerlo con la CDU, se borran graffitis que tuvieron un significado (político y emocional), se tiran muros para construir hoteles y, en definitiva, unx termina pensando que la Anomalía Berlín, una de las grandes capitales del mundo con precios que todavía permiten vivir en su centro a distintas capas sociales, tiene los días contados. Es por ello que todo el mundo, envidiando un pasado de la ciudad que no vivieron, pone los dientes largos a lxs recién llegadxs hablando de sus inicios en Berlín y cerrando su monólogo con un rotundo “Es una pena, pero Berlín ya no es lo que era” que deja fuera de juego al otrx interlocutor/a. Eso, comprensible en tanto en cuanto las personas tendemos a idealizar el pasado, lo único que consigue es jerarquizar las relaciones (quien más tiempo lleva en la ciudad, más crédito tiene) y, es absolutamente estéril. A todxs nos gusta sentirnos molonxs, sí, pero por favor, basta ya, ya vale de competir por ver quién vivió el Berlín más chévere y vamos concentrarnos en disfrutar de las maravillas que todavía sigue ofreciendo al tiempo que luchamos por mantenerlas y creamos otras nuevas.

Y es que cada vez estoy más convencido de la importancia de crear, de estar en movimiento, de contribuir a crear un ecosistema en el que pasen cosas, en el que el ocio, la cultura, la política, incluso la propia geografía urbana no estén únicamente supeditadas a las decisiones del gobierno o ayuntamiento de turno. Hacer cosas independientemente de los resultados, de si salen bien o mal, de si tienen más o menos público. Hacer cosas porque son las que conforman el recorrido de lo que fue nuestra vida, y, quizás también el de otras personas (¿puede haber mayor motivo de orgullo?). Hacer cosas desde el compromiso político o desde el hedonismo más recalcitrante. Hacer. Así de sencillo, así de radical.
Estacion de Warschauer  en 1994

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