Algunos mitos y muchas verdades sobre el sexo grupal

Escena de sexo grupal armonioso de la película "Shortbus"


El sexo grupal, esa gran fantasía: tabuizada, mitificada, sumamente anhelada, en el limbo de las heroicidades que nunca nos ocurrirán… hasta que la noche más inesperada nos ocurre. Y entonces… entonces, como con todas las primeras veces, un amargor nos inunda ante el enorme deseo por fin materializado. Es como lo del chocolate líquido, como lo de follar en la bañera. Peña, ¡hay que rebajar las expectativas! ¡Detengamos el goteo de damnificadas por expectativas frustradas con aventuras sexuales! Hoy me he encomendado a la magnánime tarea de romper el silencio. Hoy quiero hablaros del sexo grupal, y concretamente del sexo grupal entre personas curiosas y recién llegadas, es decir: NOVATAS.

Armonía y acompasamiento

Imagínate una escena de sexo grupal. Todo es estético, los movimientos son armoniosos y las involucradas gimen de placer. Bueno, la realidad del sexo grupal se parece más a jugar al Twister que a Sodoma y Gomorra: caídas, descoordinaciones, cuerpos inflexibles que no dan de sí, indicaciones absolutamente antieróticas (ay, ese codo, ¿¡¡quién me está clavando el codo!!?)

Peligros constantes

Una amiga (siempre es una amiga) una vez estaba dando placer oral a un chaval cuando el susodicho decidió abrazarse abruptamente con otro de los cuerpos implicados. Ella quedó atrapada en medio y vio pasar toda su vida por delante en fotogramas mientras sentía cómo se le abría la tráquea. Estuvieron a punto de llevársela a urgencias entre la asfixia y el aplastamiento.

El alcohol y las drogas, tus eneamigos

La gente con más largo recorrido está a un nivel superior y digo yo que quizá haya alcanzado el nirvana del sexo grupal, pero el común de los mortales novatos tenemos que echar mano de dos recursos indispensables para desinhibirnos: el alcohol o las drogas. Como está legalizado y por tanto es de más fácil acceso, el alcohol suele ser el mejor aliado. Muy divertido al principio para captar a posibles interesadas, empezar el tonteo, insinuar grupalidad… Pero el pánico a lo desconocido y el deseo impulsivo de desinhibirse “ya ya ya” puede hacer que bebas tanto que, nada más tenderte en la cama, te pongas a sobar con la baba cayendo por la comisura de los labios, entre el coma etílico y un dulce sueño de borracha mientras a tu lado las demás botan sobre el colchón. Pero en realidad es la mejor opción si te has pasado, porque las alternativas pueden ser potar sobre alguna de las presentes o caerte de la cama y darte hostión histórico con tanto mareo alcohólico. Como véis, todo rebosa elegancia.

Cualquier cosa en exceso acaba cansando

Se te pasarán por la cabeza pensamientos que jamás creías que tendrías: joder, cuántas pollas, qué jartura ya, o uff, que me dejen ya en paz, esto es muy complicado.

El tetrix

Te quedarás sin imaginación para posturas. Recuerda, te emborrachaste para desinhibirte, así que tu agilidad mental no está en su mejor momento. El cortocircuito también depende, en gran medida, de la combinación cuerpos-deseos.
Como muestra, reproduzco un diálogo común en el sexo grupal, más cercano a cinco colegas que se van de vacaciones en un Seat Panda y no saben dónde meter las mochilas que a una escena de sexo tórrido y desatado:

-A ver, pues ponte tú aquí.
-Claro, pero entonces yo qué hago.
-Tú en el otro lado.
-No, pero recuerda, que yo soy homo/hetero.
-Ah, verdad, joder pues entonces esto no podemos hacerlo.

Sujetavelas

Existe un grave peligro más: que algunas de las presentes se iluminen y todo empiece a fluir entre ellas, pero… se olviden de una de las participantes y la marginen. Sí, todo puede pasar, y sí, es mucho más que en la típica concepción de “sujetavelas” porque hay mucha gente ¡y nadie te está queriendo! Hay que tener cuidado, esto puede dejar secuelas difíciles de superar en la marginada, que se sentirá más sola que si la tiraran desde un avión en pleno desierto, pese a encontrarse en una densidad poblacional sin parangón, de 3 personas en adelante por cada dos metros cuadrados.

Y las cosas tan increíbles que pasan en el sexo grupal: hay momentos de tanto flow en un grupúsculo, que el resto de participantes, que a lo mejor están en otro/s grupúsculo/s hasta se desconcentran, llegando al punto de dejar su faena y acabar mirando a las otras como si fuera una película. Hay quien se ha llegado a hacer palomitas.

Los condones

Gastaréis una caja entera (de las grandes) y echando cuentas no entenderás cómo ha sucedido. ¿Quién? ¿En qué momento? ¿Por qué? ¿¡¡¡Por qué tantos!!!? Por supuesto, la mayoría están vacíos e incluso enrollados. Buscar explicación se lo dejamos a Cuarto Milenio.

El ridí¿qué?

Si tienes un tremendo sentido del ridículo, no te metas en estos berenjenales. Uno de los grandes aprendizajes del sexo grupal es que no es un mero dispensador garantizado de orgasmos. Si vas con el pensamiento de “más gente, más orgasmos”, acabarás muy frustada. El sexo grupal es más bien una forma de pasárselo bien, de experimentar con tu cuerpo y los otros, de morbosear y ante todo de reírte mucho. Hay que quitarse de encima las sujeciones y el miedo a hacer el ridículo y entregarse a la exploración al más puro estilo pilota que cruza el Atlántico por primera vez en avioneta.


Y para acabar con este jugoso artículo desmitificador, os dejo con una escena de “Shortbus” que me parece de lo más fiel a la realidad del sexo grupal que he visto en el cine y que derriba todos esos mitos de los que vengo hablando. Atención a la última frase, es genial. Y CUIDADO: son escenas explícitas (uhhhh cuidado, se ven penes).

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