El orgasmo masculino en siete empujones

Al hilo del siguiente vídeo que una amiga de Linces Ibéricas me pasó hace un tiempo, estuve dándole vueltas al tema de correrse y del orgasmo, tanto masculino como femenino.

El vídeo muestra brevemente el orgasmo masculino como explosivo (una botella que expulsa líquido profusamente y con gran violencia) y luego se recrea explicando diversas cuestiones sobre el orgasmo y la anatomía femenina. Una de las ideas subyacentes del vídeo es que el orgasmo femenino es complejo y el masculino simple. Al final del vídeo vemos un volcán expulsando lava con lentitud. De nuevo se contrapone la violencia del orgasmo masculino (explosivo) con la parsimonia del femenino (expansivo).Las dicotomías siempre gustan porque explican la realidad de forma que todo el mundo la entiende. El precio a pagar es la simplificación de la realidad y es problemático porque, como Pierre Bourdieu explica en La dominación masculina, la confrontación de contrarios ha sido históricamente utilizada como forma de naturalizar la desigualdad entre hombres y mujeres.

Volviendo al tema del orgasmo, tengo que decir que durante años acepté esa clasificación, pero cada vez me parece más dudosa. Sí, en general es más fácil hacer que un hombre se corra y sí, el orgasmo femenino dura más tiempo, pero esto ¿por qué sucede? ¿son motivos biológicos o hay otros factores detrás? Tras años de seria investigación en laboratorios de todo el mundo – guiño guiño – he llegado a la nada original conclusión de que la clásica relación sexual heterosexual¹ es la causa de las dificultades para correrse que tienen algunas mujeres y la responsable de sabotear la posibilidad de tener orgasmos más parecidos a los de ellas (más largos, quizás más intensos) en nosotros. Es más, creo que somos nosotros mismos quienes saboteamos nuestros orgasmos y que lo hacemos de tres formas y en tres momentos diferentes. Son los siguientes:

1) Durante el sexo, no permitiendo que el orgasmo “se construya” tanto como podría. Mis mejores orgasmos han sido aquellos que han sucedido a una secuencia de momentos “casi me corro”. Betty Dodson y Carlin Ross lo explican muy bien en este vídeo. En mi experiencia, no se trata tanto de ir a toda mecha hasta estar a punto de correrse, parar en seco y volver a empezar, como de coger ritmos que vayan creciendo poco a poco y que desciendan con esa misma suavidad. Se trata de… “to ride the orgasm” (en inglés me parece más gráfico y mejor explicado).

2) Durante el orgasmo, regulando nuestra forma de exteriorizarlo para no perder la pose de hombre impertérrito. Así como la exteriorización del orgasmo femenino (los jadeos, los insultos, los gritos… las reacciones descontroladas, en definitiva) es aplaudida y es normativa, el orgasmo masculino se vive de forma interna, controlada y casi con vergüenza. Es como si dejáramos que la corrida fuera la única (muda) interlocutora de nuestras sensaciones. Esto, en la mayor parte de las ocasiones, tiene un impacto directo en su calidad.

3) Justo después del orgasmo, no dándonos el tiempo necesario para alargar las sensaciones placenteras. Tengo comprobado que respirando profundamente tras el orgasmo, no es que éste se alargue exactamente, pero sí que se disfrutan otro tipo de sensaciones igualmente agradables que pueden durar hasta minutos. La dinámica post-coito de quitar el condón, limpiar el semen o acciones similares nos saca de esa “zona de placer”.

Como una cosa es la teoría y otra la práctica, aunque tenga todo esto muy claro eso no quiere decir que siempre lo practique. De hecho las veces que lo hago son las menos, pues no suelo sentir que tenga la confianza necesaria para ello, porque me da apuro quedar como un yerbas-intensito o porque me parece que la relación sexual pide otro tipo de dinámica/máscara². Lo que sí reafirman estos “descubrimientos” es mi convencimiento, una vez más, de lo mucho que hay de cultural en diferencias supuestamente naturales entre sexos y de como éstos son compartimentos mucho menos estancos de lo que parecen.

(1) Intuyo que también se da en las relaciones sexuales entre hombres, pero lo voy a dejar de lado por no meterme en camisa de once varas.
(2) Sobre las dinámicas sexuales que se generan y los roles que se adoptan dependiendo de la persona con la que estás teniendo sexo volveré a hablar en otro post.

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