Grito de impotencia

Fotograma de la película "Caótica Ana"

La violencia machista sigue siendo considerada una cuestión secundaria en la sociedad porque las mujeres seguimos siendo secundarias. Este verano se está produciendo ante nuestros ojos una verdadera tortura y matanza de mujeres y criaturas. Y el problema no es que miren para otro lado, es que miran de frente y ni lo ven.

No merece que los políticos interrumpan sus vacaciones por un tema menor. Y no merece un tema menor grandes análisis ni denuncias en los medios. Sacaron estas noticias de la sección de Sucesos porque “cuatro locas” no pararon de protestar hasta que lo hicieron. Pero realmente sigue siendo un suceso, algo secundario, anecdótico, casual y nunca causal. Dejaron de nombrarlo “crimen pasional”, pero lo siguen analizando como tal: fue por el alcohol, porque ella lo provocó, porque estaba loco.

Y si nos defendemos, salimos -esta vez sí- en los medios, nos plantan una denuncia y acabamos en los tribunales. Esos mismos que no tienen en cuenta un informe médico por desgarros múltiples tras una violación grupal y acaban dejando a la agredida por mentirosa, y la sociedad se lo cree porque desde el principio quería creerlo. Esos mismos tribunales que siguen concediendo custodias compartidas a maltratadores que acaban matando a sus propias hijas e hijos. Esos mismos tribunales que se compadecen de un maltratador que llora cuando le toman declaración en el juicio, pero ningunean las huellas físicas y psicológicas de innumerables palizas en las pocas mujeres que se atreven a denunciar en un sistema pensado par proteger a toda costa a los hombres.

Y si luego dices que la heterosexualidad es una de las principales causas de muerte de las mujeres, eres una feminazi.

Nos están matando y pretenden que nos quedemos calladas.


¿Hasta cuándo?

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