Una feminista en defensa del reguetón



Amigas, mañana se celebra la Fiesta de la Música. En Berlín, suele ser la única señal de que el verano ha empezado, porque raro es el año que ese día el sol cumple con su obligación y las temperaturas se ajustan a lo que se espera de la época estival. Y aunque tengo mucha ira reprimida y muchas ganas de despotricar sobre esto, porque hasta SE ME OLVIDA que en el sur de Europa hace mucho calor, en realidad no me he asomado hoy para hablar de eso, así que voy a centrarme.

Yo hoy, aprovechando la Fiesta de la Música, he venido a confesar que me encanta el reguetón. Y cuanto más feminista soy, más me gusta. He dicho. Y ahora a ver quién es la valiente que me critica.

Hace un tiempo se lanzó en Colombia una campaña contra el reguetón porque, dicen, promueve el machismo y la violencia contra las mujeres. La campaña reza: “8 de cada 10 mujeres que escuchan reguetón se sienten maltratadas por el mismo” (*). Y es lo más normal del mundo, también nos pasa cuando escuchamos rap, pop, rock, baladas, flamenco, indie… No es por el estilo musical, sino por las letras. Y este escándalo con el reguetón me parece más bien una cortina de humo. Porque que yo sepa, el ritmo tum-tumtum-pam, tum-tumtum-pam, no tiene nada de machista, y desde luego es de los pocos bailes en pareja (si es que se puede definir así) en los que la mujer tiene tanto margen de decisión de lo que hace y lo que no. También me gusta la salsa y el tango, pero sinceramente, me aburro sobremanera de tener que dejarme llevar SIEMPRE por lo que el tipo quiera que hagamos, y al final acabo dirigiendo y, por ende, confundiendo a mi pareja de baile. Esto también me suele pasar cuando me acuesto con heteruzos. Un rollo. Menos mal que están empezando a verse grupos queer en los que ser mujer u hombre no define tu rol, sino que simplemente hay leaders y followers y puedes elegir según tengas el día.


Me vuelvo a derivar. El caso es que para mí, esta crítica feroz al reguetón esconde otras cosas feas: la primera, cierto tufo a clasismo, pues es una música que surge de las clases bajas. Y las personas ilustradas nos queremos distanciar de las barriobajeras. Este artículo lo explica muy bien, y a mí me escoció un poquito (dedo en la llaga)… Letras machistas y que fomentan el maltrato hay por desgracia en todos los estilos musicales, como bien apunta Alicia Murillo:


Creo que queda más que claro. Entonces, ¿cuál es el problema concretamente con el reguetón? Que lo cree y lo escuche la clase baja. Y claro, hay que desbancarse de esas vulgaridades y escuchar música indie y cool, que es superigualitaria (estoy pensando en Blurred Lines, por ejemplo).

La segunda cosa fea que esconde la crítica al reguetón es la erotofobia, es decir, el miedo a lo sexual, el rechazo a todo lo que hable o tenga que ver con el sexo de forma abierta porque de eso no se habla, no es educado y menos si lo hacen “señoritas finas como tú” a las que no les pega nada. Que el reguetón tenga letras explícitas no lo hace per se machista. De hecho puede ser muy liberador y divertido. Y para muestra, una canción de Chocolate Remix en la que se ríe de la pluma hetero y de la testosterona ridícula que van soltando los cantantes de reguetón. También invita a las heterorresignadas a pasarse al lesbianismo, si es que la muchacha está en todo :-)


Y otra canción más que me gusta, que la pongo porque me apetece porque, aunque va con la temática, llevo un rato tratando de vincularlo con lo que estoy hablando y no puedo, así que lo hago sin más y punto. Canta Lido Pimienta.


Curiosamente quienes más se indignan cuando les digo que escucho y bailo reguetón suelen ser quienes más tienen que callar. Esos seres pseudoprogres a quienes les gusta definir dónde está la frontera entre el bien y el mal en la actitud de las demás, pero que rara vez ejercen autocrítica.

Dejémonos de confundir al personal con lo que es machista y lo que no. Todo se puede revolucionar, todo se puede pervertir y feministizar. Escuchemos a las músicas, pues ellas crean desde su perspectiva y van a dar en el clavo. Cuentan con menos promoción, menos fama y menos reconocimiento, pero por eso mismo descubrirlas es más gratificante.

Yo me lo paso pipa con el reguetón, así que grito bien alto, emulando a June Fernández: Si no puedo perrear, no es mi revolución.


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(*) Yo, además, me siento muy maltratada por las imágenes de la campaña, que no hacen sino 1normalizar e incluso erotizar la violencia contras las mujeres. No hacían falta esas imágenes para concienciar.



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