Ser peleona es revolucionario

Decía Vladynamita que las personas se dividen en “lxs de ciencias” y “lxs de letras”. Pues según su teoría debo de ser de letras puras porque sí que creo en los grises, en los puntos medios y no me considero ni de ciencias ni de letras. Durante casi toda mi infancia y juventud creí firmemente en el método científico, las bondades de los números y estadísticas y la objetividad. Más tarde empecé a conocer sobre farmacéuticas, patentes y Kapuściński, y se me fue un poco la ilusión de cambiar el mundo desde la ciencia. No creo que el mundo haya perdido una gran matemática, pero sí ha ganado una gran escéptica (ondeo de capa). Me gusta cuestionar todos los estudios divulgativos que dicen que nuestros cuerpos son más suaves y débiles, que somos más maternales por las hormonas y por ello cuidamos mejor, o que los hombres se orientan mejor porque los piratas les han dejado la brújula como herencia genética. Si eres feminista, te habrás hecho experta en discusiones sobre estudios científicos y estadísticas, vamos, en meterte en muchos fregaos, que acaban desembocando en la teoría de que las mujeres somos unas endebles y que si te atacan lo mejor que puedes hacer es correr y nunca responder. Algo que le está haciendo un gran favor a todos aquellos violadores y a los hombres que intentan imponerse a costa de fuerza física. Una campaña sin esfuerzo alguno.

No voy a proponer a los (cis)hombres que tengan un parto ni la regla, para que conozcan el dolor regular y del “milagro de la vida”… pero del mismo modo que creo en el género como algo líquido, no binomial y por ello estos estudios me hacen daño a la vista, también creo que la fuerza física se construye socialmente. Resulta muy fácil imponer algo físicamente cuando a tu adversaria le han estado educando desde la delicadeza, sumisión y el huir antes de responder.

Hace poco viajé a Indonesia y allí las mujeres son físicamente más fuertes que los hombres. La mayoría de los hombres tendían a la delgadez, las mujeres tenían caderas anchas y portaban los pesos, en la cabeza y la espalda. Me hizo pensar en el harén de occidente, en el feminismo islamista y Fatema Mernessi y su artículo sobre la opresión de la talla 38. En que la cultura del adelgazamiento no es más que otro modo de opresión y sumisión; no hay más que echar un vistazo a las revistas dedicadas a las mujeres para que darse cuenta de que tienen una obsesión porque perdamos kilos. También podemos echar un vistazo a las revistas “para hombres” y los habituales “cachitas” de portada o los diferentes medios para ponerse fuerte con tan sólo 5 minutos al día. El ser una mujer fuerte es feminista, pero también desde el punto de vista físico. Se han ensalzado a las gordibuenas, a las super flacas y a las bellezas subversivas, ¿pero y la fuerza? No conviene que podamos contestar, no conviene que nos interesen los deportes o las peleas. Frente a la definición de nuevas masculinidades subversivas y pacíficas, ser peleona es revolucionario. A la mierda los estudios biológicos y el machirulismo científico.

Asumo también mi posición aventajada como mujer grande, alta y que pesa más de 65 kilogramos. Siempre me había centrado y frustrado con el privilegio delgado, pero he de reconocer que mi capacidad para empujar a un agresor si se pone pesado es mayor que la de una chica que mide menos de 1,60. Más allá de mi BMI, peso y estatura, creo que hay dos factores también importantes en mi desarrollo: que soy hermana mayor y que fui karateka durante muchos años. Estoy segura de que si nos enseñasen a responder, habría un menor número de agresiones por miedo a que sean contestadas. Así que desde aquí me gustaría decirle a todas las niñas que peguen, muerdan, empujen y contesten. Que contesten mucho aunque no sepan la respuesta. Que no se preocupen por si llegan a casa despeinadas o sucias, que da igual que les llamen brutas, como si fuese lo peor que puede llegar a ser una niña pequeña. Que dejen de ser educadas con la base de estudios ultracientíficos superobjetivos que les dice que la base genética las sitúa en desventaja. No me gusta educar en la violencia pero nada me haría más feliz ver en un futuro ejércitos de niñas feministas dispuestas a contestar si las agreden.

Ilustración de “Wild” de Emily Hughes

Vamos que los cuerpos y sus diferencias biológicas, la fuerza, las tendencias de peso… también son construcciones sociales secundadas por los cánones de belleza patriarcales, que tienden a perpetuar nuestra sumisión y que seamos fáciles de manejar. Todos aquellos estudios que intentan demostrar que no tenemos nada que hacer a la hora de pegarnos, no hacen más que mantener la opresión de las mujeres a ser suavecitas y sumisas, que no nos interesen los deportes de “contacto” y que nos dé miedo viajar solas. Creo que es necesario eliminar estas predefiniciones sobre cómo deben ser nuestros cuerpos, no sólo para nuestra mayor felicidad, sino también para empoderarnos y luchar contra la cultura de la violación. Ya saben lo que dicen: ¡ante violencia machista, autodefensa feminista!

Artículo publicado por Maudite

Comentarios