Recibir dando, dar recibiendo, o de la necesidad de transformar nuestra cosmovisión para alcanzar la verdadera anarquía sexual

¿Eres activo o pasivo?

Esa es la clásica pregunta justo en el momento en que los preliminares están convirtiéndose en un tostón (que puede verbalizarse o formularse por medio de otras técnicas comunicativas). Toca, entonces, pasar a mayores, hacer lo que hacen los machos, ¡meterla! ¡horadar! ¡cavar el túnel!


Pero… un momento, ¿qué ven mis ojos? ¡Si son dos machos! Así que según mis cálculos, uno de ellos podrá seguir siendo macho, porque la meterá, pero el otro va a ver ultrajada su hombría vía rectal, será penetrado, será sometido y ninguneado, objetivizado y reducido a un simple agujero: ¡va a ser PASIVO!


No, no os hagáis las modernas. En vuestro fuero interno, el activo o top ostenta más poder y mayor prestigio social que el pasivo o bottom. Y, una vez más, si hay que buscar responsables ante el hecho de que convirtamos una relación afectivo-sexual en un acto jerárquico y piramidal, no me queda más remedio que señalar con mirada fulminante al… (dentro música tipo Hitchcock) HETEROPATRIARCADO. ¿Que exagero? ¿Que mis amigas feminazis me ha sorbido el seso? Puede ser, pero para verificar mi teoría, basta con observar lo que ocurre en un mecanismo análogo pero sin hombres: las lesbianas. Una vez más demuestran que son seres supremos que crean una realidad exenta de machihembría, porque una clásica tijera lésbica es pura horizontalidad, pura igualdad y puro respeto bidireccional, porque no hay ni arribas ni abajos ni mejores ni peores (desde luego, hacer la tijera verticalmente sería como de número del Circo del Sol).

Incluso en términos éticos-legales, el pasivo es condenable: en muchas legislaciones civiles o morales a lo largo de la historia, no es delito penetrar a un hombre sino ser penetrado. En las grandes civilizaciones antiguas (Grecia, Roma…), que son tomadas como paradigmas de la normalización de otras fórmulas sexuales que trascienden lo hetero, no todo era tan bonito. En realidad ser penetrado a partir de la edad adulta era nada menos que una aberración y una vergüenza social con fatales consecuencias. Los efebos eran penetrados por los adultos como parte de los ritos sociales de iniciación o paso a la vida adulta, pero nunca al revés, porque eso ya sería vicio injustificable y mariconeo.

Que no me entere yo de que ese culito pasa hambre

Esta mierda hay que atajarla pero ya. El pasivo tiene que hacer tanto o más esfuerzo que el activo, suda y se mueve, puede proponer otras posiciones que lo coloquen arriba o que tengan al activo inmóvil y pasivizado, puede marcar el ritmo y dirigir la orquesta… y no hablemos del gozo y disfrute del pasivo frente al del activo. Así que se concluye que lo único que convierte al pasivo en tal es el simple hecho de no estar metiendo nada en ningún sitio. ¿Miles de millones de años de evolución para seguir con estupideces de esta envergadura?


En la lengua de Shakespeare es otro enfoque. El etiquetado de los roles no se define por la función sino por la posición: bottom (base) y top (cima), lo cual es hasta casi más de mear y no echar gota que en español, porque nos ofrece, y bien clarito, una jerarquía vertical que, además, tampoco es muy representativa de la realidad a no ser que la susodicha pareja de maricas no salgan del misionero ni del clásico soplanucas-muerdealmohadas.

Una tarde, filosofando con un amiguito sobre este asunto, descubrimos que el problema era mucho más grave. Se trata de un problema de insuficiencia en la configuración de nuestra cosmovisión: no existe en nuestro imaginario nada que teniendo la función de recipiente, pueda ser leído como sujeto activo. Observamos la realidad desde el corset de la machihembría.

En inglés, que es una lengua muy versátil y muy de ligoteo en realidades tan internacionales como Berlín, este amigo y yo lo solucionamos más o menos bien: assgiver y cockgiver. Son dos términos muy iguales en fuerza semántica y, además, recuerda a Macgyver, que es un héroe y a nadie le cae mal.

En español, pensamos en conceptos como tragar, que más o menos invierte la dinámica, pero lo descartamos: no hace falta que relate por aquí las connotaciones de sumisión absoluta que se desprenden de decir: “yo soy tragón” en sustitución de “yo soy pasivo”. También pensamos en que en el verbo desenvainar se contempla una focalización en la actividad del recipiente, solo que indica salida y no entrada, o sea que envainar podría servir, pero “ser envainador” suena fatal, suena gore y tenebroso. Si yo me encuentro con uno que me dice “soy envainador”, creo que me daría a la fuga.


Y tras algunas horas más, lo dejamos por imposible. ¿A alguien se le ocurren otras soluciones? ¿Otras propuestas o tal vez la moraleja de esta fábula es que la Iglesia Católica tiene razón y la abstinencia lo cura todo?

¡Habemus popper!

Disclaimer: me parece legítimo que alguien se sienta a gusto y realizado con el rol y las connotaciones de ser pasivo, pasivazo, culo tragón, perra sumisa y esos despropósitos que se encuentran en las apps de contactos. Es solo que a mí y a mi anarcuerpo no nos representan.

Disclaimer 2: obviamente hay una tercera vía, que es como una socialdemocracia para sarasas: ser versátil. Una palabra buenista donde las haya que es legítima y útil para hacer supuestos previos, pero que a la hora de la verdad y a menos que haya sexo grupal, como mucho puedes ser un rato assgiver y otro rato cockgiver. Así que no, no es válido escudarse en la versatilidad. El problema sigue estando ahí.

Disclaimer 3: lo reconozco, me he venido arriba con los disclaimers y con los gifs. Si te molesta, pues tira de esta

Artículo publicado por GodSaveTheQueer.

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