Heteruzo, el peligroso espécimen

Amigas, hay algo que hace bajar la líbido más que pensar en Rajoy bailando reggaeton. Y son (chan chan chán) LOS HETERUZOS.



Hay a los que se le nota de lejos, los intuyes, no sabes cómo, serán las hormonas o el aura, no sé explicarlo. Pero, por desgracia, también hay muchos heteruzos que lo disimulan muy bien. Te fijas en ellos, los incorporas a tus fantasías, te quedas mirando sus manos y sus labios imaginándolos en acción por tu cuerpo. Líbido a tope. Pero todo para nada, porque eso que te imaginas no va a pasar nunca jamás. Yo, que ya he pasado por varias etapas de boicot a mi propia vida sexual (otro día os las cuento para que os riáis), ya no tengo tiempo ni ganas para echarle empeño a heteruzos. La vida es demasiado corta para quedar malfollada.



Pero os estaréis preguntando, ¿y quiénes son los heteruzos? Pues yo os lo explico en un momentito. Son esos tíos que se definen como heteros, pero que en realidad no sienten ningún tipo de atracción por las mujeres. Se definen así porque son demasiado homófobos para admitir que en realidad están enamorados de una polla, una y solo una: la suya. Les encanta verla saliendo y entrando de cualquier agujero, ya sea boca, culo o coño, les apasiona que haya una persona arrodillada ante ella adorándola y diciéndole una mentira tan grande como que su sola presencia le eriza la piel y le revoluciona las hormonas.

Más allá de eso… no les interesa nada más del sexo, ni para su propio disfrute, pues vaya si se pierden prácticas y matices, ni por supuesto para el disfrute ajeno, que según su visión autofalocéntrica, ya bastante placer obtiene la contraparte de adorar su maravilloso pene.

Si después de esta explicación, seguís sin ver muy claro si podréis detectar a un heteruzo, os doy otra pista, la inequívoca, la definitiva, la irrefutable: el cuerpo femenino les da asco.



Sí, sí, como lo oís. Y seguro que cuando ahora lo describa vais a recordar más de una situación en la que vosotras, amigas, también estuvisteis en la cama con uno de ellos. Son los hombres a los que les produce rechazo nuestro vello corporal, que se escandalizan ante absolutamente todos nuestros fluidos, especialmente la menstruación, pero no sólo: si por la excitación o el momento de tu ciclo menstrual tienes más flujo o un flujo más espeso, te miran espantados como si acabaran de descubrir que se están metiendo en zona de humedales y que de ahí, sí señor, ¡salen líquidos! Igualmente, si tus pliegues no huelen a Norit, sino que huelen a lo que tienen que oler, a rico y sabroso coño, también arrugan la nariz, haciéndote sentir que algo anda mal, que de alguna manera eres culpable de que tu coño sea un coño, y por tanto, huela, sepa y rezume como Diosa manda. Y, por supuesto, no suelen practicarnos sexo oral o, si les pilla un día muy bueno, quizá hagan acto de presencia puramente protocolario que para eso, pues mejor nada.



Hay quien los defiende argumentando que no saben, que no tienen experiencia, que ninguna mujer les dijo antes lo que les gustaba. Bueno, esa excusa nos la creímos inocentemente con 20, incluso con 25, pero ¿con 30? Disculpe, pero ya han tenido tiempo para abrir un manual de anatomía básica y leer un par de artículos sobre sexo.



Menos mal que existen hombres (pocos, muy pocos) a los que de verdad les gustamos, con y sin vello, con y sin regla, que nos comen el coño como si no hubiera mañana, que ven el sexo como ese momento en que se comparte piel, sudor y cercanía y que va más allá de su falo.


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ACTUALIZACIÓN 09/08/2015

Una tipa ha resumido en tan solo 140 caracteres lo que intenté expresar en este artículo. Os lo tengo que enseñar:


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